Muchas personas que enseñan en Universidades
(es el ámbito que conozco, en específico en Medellín, Colombia), no les gusta
les digan profesor, prefieren especialmente los llamen Doctor o por el nombre,
preferiblemente con acento extranjero, a mí me gusta cuando encuentro a alguien
y se dirige a mí y me dice “profesor” me
siento muy alagado aunque en varias ocasiones siento mucha pena cuando es un
estudiante porque sé que no he estado a la altura de los estudiantes con
quienes he tenido la fortuna de aprender, porque yo no enseño.
En los últimos años he sentido mucha
frustración y de verdad mucha pena con los estudiantes, desde 1992 que dicté la
primera clase en una Universidad a estas alturas de en nuevo siglo y una
supuesta era del conocimiento, siento que lo único en lo que se ha evolucionado
es del pizarrón al que se escribía con tiza al PowerPoint (muchos creerán que
es la evolución y desarrollo pedagógico más trascendental de todos los tiempos).
Siempre he estado como profesor en áreas de
Ingeniería de Software, y seguramente pasará en otras disciplinas, pero muchos
creemos estar enseñando la verdad absoluta porque no tenemos la capacidad de aprender
con los estudiantes de estas nuevas generaciones, no estamos muchas veces con
la apertura para aprender de nuestros estudiantes, estamos convencidos de
estarles enseñando lo que supuestamente son capaces de aprender porque no
aceptamos que pueden saber más que nosotros o por lo menos más capacidad de
aprender más rápido que muchos de nosotros.
Estoy convencido que nuestro modelo educativo
se quedó estancado en el tiempo, lo congelaron las eminencias de la pedagogía
que nunca han dado un minuto de clase y legislan, con un agravante, muchos modelos
pedagógicos (si así se pueden llamar así) de muchos profesores de las Universidades
son un obstáculo para impulsar el aprendizaje, se quedaron estáticos en el
tiempo y creen que la mejor manera de aprender es enseñar poco y rajar mucho a
los estudiantes, eso los hace los mejores.
La manera como hacemos transferencia de
conocimiento o mejor, como facilitamos la trasferencia de conocimiento a
nuestros alumnos, me atrevería a decir que es nula en espacios para los innovadores y creadores, creemos tener la
verdad absoluta y que solo lo limitado que sabemos es útil, lo que no sabemos
no se puede ser propuesto por los alumnos.
Me siento haciendo parte de una Educación Superior
en decadencia como muchas de las cosas de nuestra sociedad (corrupción a todo
nivel, falta de ética y valores, verdadero compromiso social y ambiental, en
fin tantas cosas), no comprendemos,
mejor no aceptamos que hay un mundo diferente, una generación diferente, una
sociedad diferente que requiere formas diferentes de apropiar conocimiento,
muchos profesores no saben (peor, no sabe que no sabe) que pertenecemos a un
mundo diferente, que las nuevas
generaciones tienen capacidades diferentes, nuestros jóvenes son diferentes y
han tenido acceso a más información de la que tuvimos los que nacimos en el
siglo pasado y enseñamos desde entonces.
No todo es negativo, conozco el esfuerzo de
unos pocos líderes y verdaderos maestros, que permanentemente se están auto
cuestionando y proponiendo nuevas formas de enfocar los modelos de educación,
pero veo esfuerzos inútiles porque hay fuerzas muy poderosas, incluso luchas territoriales
dentro de las Universidades por el
poder, que no permitirán un cambio trascendental.
Parte del cuestionamiento está en preguntar ¿Porque
nuestras Universidades no son abiertas a la sociedad, están cercadas por muros
y rejas o puertas blindadas en los centros de investigación? ¿De qué tienen tanto miedo los sabios que
imparten conocimiento y a veces con mezquindad? la disculpa es la seguridad,
entonces ¿porque si su sabiduría es tal, porque no han solucionado el problema
de seguridad en nuestra sociedad? Creo que es parte de la decadencia.
Finalmente, yo estoy convencido que el
Maestro o Profesor que no busca que sus cercanos llámese discípulos, alumnos o
como quieran tratar de hacer jerarquías, lo superen, le quedará debiendo a la
sociedad y no contribuirá al cambio, estará atizando las llamas de la
decadencia.